Por fin, y a punto de que la cerraran (aún no sabía que la habían prorrogado hasta abril hasta que me lo dijo Eusebio, mi jefe) nos decidimos a visitar la exposición de La Guerra de las Galaxias.
Nada más entrar, hay que pasar por el detector de metales, y como uno está tan acostumbrado a eso, pues nada, que pité unas 3 veces. Dejé en la bandeja la cámara y al pasar sorprendentemente pitó. La primera vez me saqué el móvil, la segunda un monedero, y ya la tercera, la tarjeta del Mégane. La bolsa de la cámara mientras me estaba esperando a la salida de la cinta del aparato de rayos X.
Ya dentro, uffff, qué apuro dan los pitidos!…, bajando unas escaleras, se entra en la nave a través de una puerta hexagonal con luz azul bluetooth.
Nos dan la bienvenida R2D2 y C3PO. Gracias por poner la banda roja en ese sitio tan estratégico
. Detrás un deslizador con algún que otro percance en su carrocería, y al fondo, la vaina de Anakin Skywalker al completo y la cabina de la vaina de Sebulba.
A derecha e izquierda están repartidas 9 zonas dedicadas a los planetas más importantes de la galaxia: Geonosis, Tatooine, Kashyyyk-Utupau, Coruscant-Kamino, Hoth, Mustafar, Naboo, Endor y finalmente, la Estrella de la Muerte.
Continuamente está sonando la banda sonora de las películas y es gracioso ver cómo hay gente que sale de las salas silbando o tarareando la canción que estaban oyendo dentro, o como en la sala de Endor, todos terminaban cantando la canción “Somos los E-E-E-E-Ewoks“, que no es de la doble trilogía de Star Wars.


